espectral

Devenir y Deriva

Sobre "El Origen de las Especies" (Crisálida Cine, 2024)
por
octubre 31, 2024

El tiempo es clave para comprender y alterar. La temporalidad no es un simple flujo; habita en la materia, se entrelaza en sus mutaciones. Aquello que fuimos se entrecruza con el flujo de lo que somos y seremos, aun cuando ni siquiera sepamos que lo somos. Somos monstruxs, seres inmensxs, pequeñxs, etérexs, fugaces o sólidxs. Tenemos múltiples cualidades y estructuras, nos mantenemos o no, da igual el todo, da igual la nada. Estamos en cualquier límite, invadiéndolo toda idea, incluso la del silencio. Entre luz, víscera y concepto; memética y genética se follan entre sí a escondidas de la academia. En la oscuridad, las especies no parecen distinguir entre lo biológico y la manifestación temporal, ideal o relacional. En la penumbra, las especies difuminan las fronteras entre lo biológico y lo ideal, entre materia y conocimiento, en un juego hipersticional que desafía lo fijo y lo categórico. Aquí, las especies devienen en un rito anastrófico, entre la ensoñación y lo real, en hiperobjetividad plena. La función recién comienza.

Habituales puntos de luz

Por eso quizá nadie sabe a la final para donde va, pero sabemos que vamos, que andamos: transitamos. Que somos mutaciones perpetuas, seres-en-movimiento, cruzándonos para engendrar constantemente no tanto la nueva forma como si la más reciente pregunta, que se actualiza en todos los espejos al tiempo que se desvanece. Nadie sabe a la final quien o qué es, pero sabemos que somos, que persistimos: transitamos. Pero no solamente somos sucesiones de puntos de luz en el espacio oscuro, aunque así pareciese. También somos el interrogante mismo, la grieta vertical, espacio perpetuo de transformación. Es entendible que las convenciones de la mente racional y las estructuras fundadas en taxonomías viciadas estén programadas para lacerarnos. Se suponen inocentes palabras esas que clasifican sin reconocer el daño que hacen a lxs sustantivxs mismxs, que una vez categorizados, caemos en manos ajenas, habitualmente malintencionadas, habitualmente falogocéntricas, habitualmente capitalistas, habitualmente… o sea en el tiempo, circunscritas a las ilusiones de las líneas.

¿Cuáles escapes pueden quedar que no sean esa maraña del Capital? Quizá sea construir un flatline, abrazar la visión k-goth. Este escape se despliega en una hipnagogia extendida, en las zonas intersticiales de temporalidades cruzadas, donde las taxonomías aún no existen fuera del símbolo y la metáfora. Aquí, la analogía es resistencia poietica: conservar el poder del pliegue y (de)formación, sosteniendo una realidad que nos recuerda que toda cosa ‘nueva’ es siempre otra-aún-no-reconocida. En ese espacio de olvido, mientras nos sumergimos en lo que creemos ser, hay otros seres aconteciendo, habitando esos vacíos de definición. Imponer taxonomías es clausurar posibilidades; nos ancla a una única narrativa, dejando en las sombras a aquellxs que, sin nombre, pierden no solo su identidad sino también la posibilidad de ser. Nos convertimos en guardianes de categorías que, lejos de revelarnos algo esencial, sólo nos privan de sentir aunque sea un mínimo de expansión infinita.

El Origen de las Especies

Nombrar un nuevo mundo es por tales motivos tarea imperiosa. Por eso la ficción nos ofrece herramientas poderosas y por eso ha que celebrar la manera en la que ilustran todas estas cosas lxs directorxs Tiagx Vélez Juliana Zuluaga Montoya y Analú Laferal en El Origen de las Especies, un largometraje de ciencia ficción «mutante y capitular, que recoge el trabajo transfuturista del colectivo Crisálida Cine durante los últimos años.” Posporno, transhumanista, transfeminista, xenosemiológico, ritualista, íntimo, revelador. La política y la poética trabajan aquí de la mano de una manera insólita, revelando no solo la ya antes descrita ecología del infinito, sino también interpelando, alterando, distorsionando y subvirtiendo aquello mismo que trata.

La pieza expone una serie de dilemas ecológicos mediante un lenguaje visual y narrativo enmarcado en un ciberpunk transfuturista auténtico. En él, la contemplación abstracta del DIY abre puertas hacia la desterritorialización de objetos: ser compost, aprovechar la basura, redescubrir la especie, la incógnita, la anomalía. Aquí, lo extraño y lo queer se mezclan en una ecología fúngica, en saberes arcanos y resistencias decoloniales. Todo se cruza en un tecnomaterialismo chamánico, en una mística-ficción que, siendo también ciencia, asume una postura alquímica. Las especies se conciben aquí más allá de la lógica darwiniana, en una maraña cósmica de seres hipnagógicos, de materia que en lo muerto vibra con una vida oculta, caosmosis.

(In)comodidad

El Origen de las Especies nos conduce a un cine crudo, sin temores a recorrer formatos, épocas y técnicas, amalgamando lo antiguo y lo venidero para dar vida a paisajes, texturas, mutaciones. La obra mezcla ensayo audiovisual, videoarte, música experimental y diseño (xeno)sonoro, logrando no sólo un cruce de formatos, sino también de lenguajes, estrategias narrativas y dimensiones especulativas. Cada una de estas herramientas entrelaza historias que podrían desplegarse en una narrativa lineal, pero que aquí emergen enredadas, como fugas, embrujos en cadena, parásitos reunidos. La estructura de la película es vertical: mantiene una misma dinámica subyacente, pero se llena de aristas inesperadas, rompiendo con la secuencia y estableciendo un espacio-ritual en el que parece conjurarse colectivamente un hechizo perenne.

Escenas explícitas y momentos incómodos resuenan en la sala. Algunxs espectadorxs, otrxs se retiran; otrxs revisan sus celulares. La incomodidad marca la experiencia: para muchxs, reconocerse animal, cuestionarse, o asumir el engaño de la narrativa humana resulta incómodo, pues nos recuerda la profunda herida del trazo humano y el olvido de la esencia salvaje. La incomodidad es aquí en gran medida miedo al reconocimiento, de que eres podredumbre y pantano, al tiempo que nube y electrón. Todo esto trae un cuestionamiento inevitable que emerge y/o se instaura en las profundidades subconscientes que extrañamente se activan conforme avanza el filme. Todo eso que se vive alrededor termina siendo parte de la película. Aquí no es de gente comiendo crispetas sino animales siendo interpeladxs, convocadxs, reclamadxs. Aquí me recuerdan que a mis ancestras las asesinaron, que a lxs animales lxs seguimos mutilando, que lo que que creo ser, me ha sido impuesto y puedo cambiarlo.

Diseño (xeno)sónico

El diseño sonoro evoca una forma revolucionaria y contemporánea de sonoridad, anclada en finas referencias a la ciencia ficción clásica y alimentada por recursos limitados que, lejos de restringir, potencian la experiencia. El uso del theremin como dispositivo retrofuturista resulta un guiño acertado, un instrumento que no se impone ubicuamente, sino que actúa como un eco del pasado que se inserta orgánicamente en la textura global.

La sonoridad aquí construida es alucinante, una magia sónica que opera en sincronía con imágenes que sin esos silencios, estruendos y cadenas granulares, carecerían de vida propia. No se encuentra aquí una colección disonante de sonidos que interrumpan la inmersión, ni los tapetes «vangelísticos» o los clichés familiares de la ciencia ficción. En su lugar, la sonoridad brota de figuras orgánicas, materiales, plásticas, y metáforas constantes a lo material-auditivo. Las texturas cobran vida a través de filtros comb que retuercen armónicos, transiciones sublimes de procesamiento granular, y masas sonoras líquidas que mutan hacia líneas finas de frecuencias resonantes y filtradas. En esta paleta sonora caben el drone, el dark ambient, lo industrial, la armonía y el noise, componiendo un paisaje acústico que desborda con un asombroso detalle microsónico.

Cada elemento parece diseñado con precisión: desde el tono descendente de ranas y chicharras, como una suerte de efecto Schumann inverso que acompaña el ingreso a la selva pantanosa y a su ritual pagano, hasta las vibraciones electromagnéticas que giran al resedor de la sala, mientras tus ojos se fijan en la geometría de un poste de luz. Esta sonoridad establece condiciones especulativas que extienden el espacio mismo de la experiencia, otorgando a los materiales una vida autónoma. Las expresiones no diegéticas se despliegan como un ámbito expandido, denso en filigrana sónica y en silencios que también reverberan, una cacofonía que en ocasiones se vuelve incómoda, quizás por el simple acto de enfrentar lo inusual, de revelar la grieta.

Devenir y deriva

“Devenir y deriva” aparece en la pantalla en un momento crucial, acompañando a una de las especies más abstractas del, que, a estas alturas, me atrevo a llamar documental. Surgen infinidad de voces de lo no-humano, de lo inhumano y de lo que trasciende lo humano. Es una inagotable proliferación de entidades: desde especies voraces que se tragan las estructuras patriarcales hasta trozos de materia que, atrapados en un bucle fragmentario, buscan encontrarse en su propio devenir. Lo humano se deja ver escasamente, y cuando lo hace, emerge como símbolo de hegemonía, catástrofe y descomposición. Lo queer remite justamente aquí a las posibilidades de lo descompuesto, lo viscoso, la transformación; ese “devenir”, esa “deriva”. No es una cuestión de identidad fija, de qué se es o se será, sino de en qué se deviene, en qué se deriva, en qué se fragmenta y se reproduce.

Teleología salvaje transanimal

En El Origen de las Especies, lo salvaje no es solo una etapa superada por la razón, sino también un anhelo constante. La pérdida de la ferocidad no solo apunta a una domesticación progresiva, sino que está profundamente ligada a la maquinización, a la automatización y, en última instancia, a la pérdida de libertad. Lo salvaje no se presenta aquí como el opuesto de la máquina, sino como un camino de continuación, una línea de fuga que sugiere otra posibilidad.

Quizá «esperanza» una palabra demasiado distante para el tono catastrófico que adopta el el colapso del espaciotiempo presente, reflejado en la textura oscilante de la película, pero aún la premisa es esa precisamente: “las criaturas del asteroide” encontramos esperanza en el reconocimiento y reclamo de nuestro devenir transmaterial. Este tono reactivo, anarquista y a su manera vitalista, que adquiere el performance en varios momentos, te permite vislumbrar una grieta, un escape, una interrogación abierta que invita a seguir buscando, soñando, consumiendo, sabiendo que en el proceso te devorarás a ti mismx. Aunque alguien diga que no es más que desecho, la basura siempre será algo nuevo para quien lo observe desde otra perspectiva. Aquí reside la posibilidad misma de la vida, en la putrefacción, en la eterealización, en la electrificación. Lo alien y mutante es en última instancia, lo único que queda cuando la inteligencia humana y sus monstruosidades resectivas, agotan su poder.

Ontogénesis post-mundo

Conscientes de que estamos ante la despedida de nuestro planeta, nos reconocemos como mutaciones cósmicas, colectividades que aún se cruzan para soñar, olvidar y recrear un universo siguiente. A veces, simplemente dejarlo caer o no pensar en ello. Aparecer sin estar, sentir en silencio, buscar sin ser. Definirse y a la vez disolverse en el bucle que es la metáfora de la vida. El origen de las especies no es la categoría, ni la esencia, ni la historia: es la incógnita misma, la apertura perpetua, la pregunta que se devora a sí misma.

Es la bendición de la catástrofe, que se revela aquí se convierte aquí en la actualización de un futuro que es a la vez un pasado perdido o desconocido, como expone el juego hipersticional constante en la película: por momentos parece desarrollarse en un escenario apocalíptico futuro, en el cual la ficción emerge como realidad en el contexto de la catástrofe; en otros, evoca el pasado o un tiempo suspendido, con capas, formas primarias, otros estratos y escalas. Esta dinámica rizomática permite una narrativa no-lineal que se construye en las fugas mismas de la voz en off, el texto y las hábiles piruetas de síncresis alucinatoria. Aquí, el contrato audiovisual no opera bajo regímenes tradicionales o literales, sino que se filtra a través de la metáfora y la resignificación, explorando expresiones tanto atómicas como bacterianas, sin dejar de interpelar al macrocosmos y a manifestaciones hiper y meso objetivas. Considerar así el entramado cósmico desubica en tiempos mutantes, extraños, tanto cinematográfica como discursivamente. Las imágenes y sonidos, en conjunto con la densidad de las ideas sugeridas o susurradas, producen siempre un ángulo renovado, una reafirmación perpetua de la pregunta.

Maraña Ch’ixi

Lo bello de la maraña y su contradicción, la maravilla y la muerte; encuentros simples o en el ruido, para buscarse y no, de amar(se/nos) en (des)composición. Aquí hay demonixs que te penetran para exponerte a tu propia fragilidad, también nuestra, también de nadie. A la vez sientes luces y calma, un extraño amor. Podría ser una eterna, expansiva, indomable, multidireccional regresión de objetos: transfinitud. Así se plantean aquí las especies, siempre capaces de trascenderse, subscenderce, implosionar o conectarse, chocar y aislarse, ser una y varias, todas y nada, partícula o universo. Cuando dejas de pensar en varias especies separadas y consideras la posibilidad de que todo el tiempo solo estuvo hablándote una voz, aparece la maraña misma, hablando en su oscuridad. La extrañeza de todas las cosas se expresa así en el silencio profundo que acoge a la voz que canta el origen transfinito de las especies.

Se narra así una maraña ch’ixi, la reunión de mezclas y tensiones que somos: todx con todx. Es poder encontrarte demonixs junto a larvas junto a luces. Es todx lx in/no/hiper/más-que humano, una oda al Chthuluceno. Los darwinistas que presencien la obra podrán tener quizá muchas pesadillas como también iluminarse profundamente con lo que aquí se constata y proyecta. Una ecología queer, xeno, oscura, postnaturaleza, abolicionista de cualquier categorización dicotómica rígida. La taxonomía como vía anclada a la poética, que es poiesis, vida-in-formación, en mutación.

Ficción como documental

El Origen De Las Especies explora una ficción que deviene en simbiosis con la realidad vivida; una suerte de interfusión entre la narrativa y la identidad de lxs directorxs, quienes, al habitarse a sí mismxs como sujetxs políticxs, proyectan en el filme una constelación de seres múltiples y xenomórficosque ellxs mismas encarnan. Cuerpxs que son capaces de alienarse y reconocerse como extensiones mutantes, amantes, oscurxs o clarxs, sin color alguno: pura idea, cieno, penumbra, galaxia, destino, fugacidad. Se convierten en cosas olvidadas o insistentes, cada cual un punto en la maraña, existiendo a la vez como todo y nada, como la voz en la pantalla negra y su silencio.

La película termina, pero su hechizo persiste; se convierte en un ritual del cual el espectador ha sido parte. Las especies que ocupaban la pantalla se materializan entre el público, levantándose con rostros que reflejan esa misma alienación, conmoción, y extrañamiento. Algunas sensaciones confusas alcanzarán el inconsciente, otras residirán en lo inmediato, para jamás abandonarnos. Fuera de la sala, esas especies continúan pululando, unas hechas de materia vigilante, otras de etéreas sedas traídas de dimensiones solo accesibles en un espacio sin peso ni gravedad.

Se revela aquí crucial conducirse hacia la alienación audiovisual: desprenderse de los parámetros convencionales, cuestionar, criticar, subvertir y trascender la matriz audiovisual misma. Día a día, fuerzas invisibles—corporaciones, algoritmos, empresarixs, políticxs—manipulan las cosas mediante los lenguajes de esa matriz, y no es la tecnología en sí el problema, sino su intención, control y programación. De ahí que sea urgente la premisa xeno-hacker de abstraer, revertir(se) y refuncionalizar las herramientas con las que nos subyugan, desmantelando sus códigos y rescatando su potencial disruptivo. Entrópico, concreto, alienante, desgarrador, visceral, espectral y revolucionario. El Origen de Las Especies es un clamor por mantener viva la invocación de mitos, de elevar lo salvaje y de concebir una tecnología que no se idealiza como redentora, sino como una textura emergente del caosmos de todas las cosas y especies, incluidas aquellas que aún no nombramos.

Crisálida Cine