espectral

Manifiesto del Futurismo Rural

Ruralidad

La centralización de las urbes nos ha llevado a menudo a pensar la ruralidad como el afuera de un supuesto adentro, como la zona fronteriza, en última instancia la zona olvidada, el espacio distante, el lugar lejano con respecto al que se nombra central, aquel espacio que no participa en la dinámica industrialista o incluso, civilizada. Paralelo a esta pobre consideración espacial, se da una configuración temporal: lo rural suele considerarse en otro tiempo, cosa del pasado, dinámica carente de evolución, un punto muerto, carente de avance y modernismo.

Estas formas de considerar la ruralidad dan pie a muchas interpretaciones nefastas de los lugares que habitamos, nociones que el modelo imperial aprovecha en ambas direcciones: espacialmente, asumiendo lo rural como lugar distante y explotable, un afuera inútil directamente para el centro sistemático pero sí apto para la invasión industrial. Y por otro lado, en términos de su paralelo temporal, esto es, lo rural como el antepasado de superstición y tendencia retrógrada con respecto al centro evolutivo. Estos dos asuntos, crean una distorsión espaciotemporal que diseña una topografía limitante, confinada a la explotación para bien del centro establecido y pocas veces valorada por sus capacidades internas y las formas de conocimiento que allí se desarrollan. Limitar la ruralidad a lo limítrofe, nos vuelve incapaces de reconocer el estatuto ontológico de los espacios, a menudo llegando a la conclusión de que es la ciudad el modelo no solo central, sino válido, y con ello teniendo una desafortunada consecuencia: el sacrificio, reemplazo y olvido de los entornos rurales por la necesidad de favorecer un futuro impuesto desde las urbes, las cual pese a agonizar entre sus delirios del concreto, se imponen a menudo como la panacea ante nuestras condiciones ecológicas.

La afirmación de este espaciotiempo fragmentado nos deja ante una ruralidad marginal, abandonada y pobre, pero al mismo tiempo, cuando no es el supuesto centro quien toma las riendas de la discusión, las cuestiones de lo rural se pueden plantear dentro de la ruralidad misma, no necesariamente pretendiendo ser centro ni compararse con las formas de las ciudades, por ende no explorándose en respuesta a otro punto del cual es distante y más bien disponiéndose como una red de hábitats multiformes y posibles. Igualmente sucede en el tiempo, dado que podríamos no limitar lo rural al pasado y el agotamiento, aunque tampoco situarlo como una suerte de presente idílico y fructífero, palabras que suelen nacer del humano invadido de ciudad, o que nacen como conceptos que entienden la potencialidad y los recursos como materia prima para la industria y en última instancia perpetúan la obsesión modernista de explotar la tierra sin importar el daño causado en múltiples escalas sobre los territorios y sus agentes, sus intercambios y las manifestaciones que se conjugan en estos.

Futurismo Rural

En tanto la ruralidad no es centro ni se limita a este, se puede proponer como un espacio abierto de experimentación con la espacialidad misma, un lugar sembrado bajo sus propias condiciones, siempre variable, rizomático, colmado de aristas y posibilidades para un intercambio no solo con sus propios elementos ─en gran medida clichés también ultrajados por la dinámica modernista─ como la agricultura, la calma y el bienestar, sino también con las formas del desarrollo y la civilización materialista, como lo son el discurso y la investigación, el arte y la tecnología, la ecología y el pensamiento, de tal forma que se abra así paso para indagar no solo en nuevas formas del espacio, sino también del tiempo, esto es: un futurismo, como plantea el investigador y curador Leandro Pisano a partir de proyectos iniciados hace más de 10 años en el festival Interferenze de nuevas artes y su evolución en proyectos de arte electrónico y sonoro como Mediaterrae Vol.1Barsento Mediascape y Liminaria, este último curado junto a la teórica Beatrice Ferrara, y pensado como una plataforma abierta de investigación, dedicada específicamente al desarrollo de prácticas de arte y tecnología en espacios limítrofes a las grandes ciudades, zonas rurales principalmente del Sur de Italia, en lugares como el área periférica de Palermo, Irpinia, Sannio, Cilento, Fortore, la región de Campania, entre otras.

Su idea de un futurismo rural, aunque apoyada en múltiples investigaciones y procesos teóricos relacionados con la post-colonialidad, la reconfiguración política de los territorios y las artes propias de la tecnocultura, es un proceso que nace ante todo desde el ejercicio de la percepción y la indagación práctica, de la experiencia y el encuentro mediante la creación. Propone en este sentido una postura decolonial desde su método mismo de funcionamiento, prescindiendo de la exclusividad que suele asignarse al logocentrismo y la primacía del discurso académico a la hora de investigar, para proponer las artes y la apropiación (rural) de la tecnología como estrategias de exploración, indagación y especulación, teniendo como idea central de generar una «intersección entre la cultura rural y la tecnología con la finalidad de explorar territorios rurales, considerados invisibles o destinados a la desaparición por discursos del modernismo y el capitalismo contemporáneo, para convertirlos en espacios y lugares de acción e imaginación de futuros posibles».

No es pues el futurismo imperial y fascista de las máquinas industriales y se trata más de las lucha por los futuros alternos presentados en el panorama poscolonial «en los cuales las tecnologías se convierten en herramientas de consciencia y resistencia para afirmar una serie de contra-narrativas en relación a posiciones de desigualdad y diferencia», asumiendo la ruralidad en términos de una danza de coexistencias, aliadas y en conflicto, que revelan sus entornos como una dimensión compleja, principalmente en términos de su significación para el antropoceno y con ello la apertura a un diálogo abierto entre máquinas, comunidades humanas, dinámicas del pasado y formas no-humanas. Es por ello que el reto no radica en lo rural como objeto de estudio aplicado a métodos típicos de exploración, sino que, al no ser considerado desde un análisis confinado a un método positivista, sus métodos varían, en este caso rechazando la primacía del logos como dispositivo crítico único y optar por una búsqueda epistemológica mediante otras tecnologías, saberes y procesos, en el caso del futurismo rural, marcado radicalmente por la cuestión sonora y la escucha, entendidas como vías de conocimiento a la hora de asumir paradigmas y discursos establecidos.

Las residencias y procesos artísticos que ha llevado Pisano y su equipo, se ha desarrollado a partir de varias ediciones y eventos en los últimos años, integrando artistas sonoros, de nuevos medios, poetas, investigadores y todo tipo de colectivos y agentes artísticos internacionales que han explorado las diversas posibilidades de estos territorios rurales, haciendo un particular énfasis en la cuestión de lo sonoro principalmente por ser este «una herramienta de investigación en sí misma, que permite abordar varios procesos culturales, sociales, económicos y ecológicos más allá de lo meramente «visual», con ello accediendo a capas imperceptibles a la vista».

La escucha se revela así como un proceso acustemológico, esto es, una forma sónica de conocimiento, que además interpela al artista en cuanto tal y lo conduce fuera de la galería y de las burbujas del arte de la ciudad, creando una invitación a sumergirse y moldearse desde otras geografías y comunidades. La sonoridad es en este caso una puerta no al futuro, sino a la incubación de múltiples formas del tiempo mismo, una oportunidad para recuperar la consciencia sobre las posibilidades del hábitat rural, sus formas y expresiones, cuestionando la idea misma de la separación y la frontera, al tiempo que se aprovecha la distinción para que emerja la resistencia: lo rural como vientre de realidades, de futuros posibles, de otros mundos.

Manifiesto del Futurismo Rural

Escrito por Beatrice Ferrara y Leandro Pisano.

I.

El “Futurismo rural” es un reto dirigido a los actuales discursos sobre la ruralidad en tanto auténtica, utópica, anacrónica, provincial, tradicional y estable, y las lógicas binarias que sustentan tales discursos: pertenencia vs. alienación, desarrollo vs. retroceso.

II.

Un enfoque crítico de la ruralidad es necesario, hoy más que nunca; imaginar otros futuros para las comunidades, territorios y espacios rurales más allá de la dicotomía de “otredad” vs. “identidad”.

III.

Se torna evidente que la ruralidad hoy día no puede verse meramente como un espacio geográfico; en vez de ello ha de ser vista como una expresión de “posicionalidad”, en términos de la actual posición política.

IV.

Necesitamos entender las zonas rurales como espacios complejos activamente envueltos en el dinamismo de encuentros, corrientes y flujos de las geografías contemporáneas, y cuestionar de forma crítica discursos modernos de capitalismo y metropolitanismo en las cuales los territorios rurales son marginalizados y considerados como condenados al olvido.

V.

El “Futurismo rural” asume la compleja dinámica entre el territorio rural y el espacio urbano a través de la tecnocultura, abarcando un abanico de asuntos como “generación” y “tiempo” dentro de las comunidades locales (despoblación, movimiento, resiliencia y herencia cultural) y las características geofísicas de los lugares (distanciamiento, viento, energía, infraestructura y/o falta de estos).

VI.

Diferentes formas de vida (humanas y no-humanas) existen e insisten en un territorio, cualquiera que sea, y están mutuamente implicadas entre sí. Algunas veces, co-existen mutuamente de formas pacíficas; en otras ocasiones, están en conflicto unas con otras. Las coexistencias en conflicto son también valiosas, en tanto generan “zonas grises” dentro de un territorio rural, las cuales pueden productivamente retar cualquier noción heredada de “entorno”, “naturaleza”, y “ecología”. A través de sus co-existencias (y co-existencias en conflicto), el territorio rural puede de hecho abordarse de otra manera, dejando a un lado clichés contemplativos, románticos o decadentes con respecto a la ruralidad.

VII.

Incluso aunque las narrativas dominantes insisten en que los espacios rurales deberían ser relegados a un espaciotiempo que solo puede traer involución, hay muchas prácticas ─ teóricas, artísticas, agrícolas y tecnológicas ─ que atestiguan la resistencia potencial de la ruralidad.

VIII.

El “Futurismo Rural” es una perspectiva crítica, en la cual convergen múltiples puntos de vista (y escucha): el arte, y más específicamente las tecno-culturas, proveen nuevas y notables maneras de repensar lo que la “ruralidad” es (y podría ser). De esta forma, las áreas rurales pueden convertirse en espacios de experimentación, performatividad, investigación crítica y cambio. Es posible crear escenarios futuros, comenzando con el ensamblaje de lo visto y lo no visto, de elementos humanos y no-humanos. Estos objetos, materiales, diálogos, infraestructuras relacionales y tecnologías, dan forma a (y están formadas por) modos específicos de gobernanza.

IX.

A través de la práctica de la escucha es posible obtener un sentido de la complejidad y la dinámica desde la cual el territorio se revela a sí mismo mediante formas inesperadas y perspectivas diferentes. Esto enfatiza el valor y los valores de “escucha profunda” en aras de sentir las diferentes topologías de un territorio rural. Tonos, armonías y disonancias vibran mientras estos procesos tienen lugar, y pueden ser registrados a través de un enfoque “acustemológico”.

X.

En su materialidad, el sonido nos invita a experimentar las locaciones rurales y lugares abandonados como espacios en los cuales cuestionar nuestra acercamiento a la historia y el paisaje, nuestro sensación de vivir en un lugar específico y la relación que tenemos con este. El sonido de entornos, espacios y paisajes revela los retos y transformaciones territoriales que informan los ecosistemas ideológicos, infraestructurales y biológicos de los que formamos parte. En este sentido, las prácticas de escucha se despliegan como una manera de atravesar críticamente los “territorios fronterizos” de los entornos rurales, retando las nociones insistentes de “marginalidad inescapable”, “residualidad” y “periferia”.

Autores

Beatrice Ferrara es una investigadora independiente, PhD en Estudios Culturales y Postcoloniales. Se dedica a la enseñanza e investigación en medios y estudios culturales, con un enfoque en la tecnocultura desde una perspectiva transcultural, habiendo publicado extensivamente en journals y colecciones de ensayos. Ha sido curadora, junto a Leandro Pisano, del proyecto Liminaria.

Leandro Pisano. PhD en Estudios Culturales y Post-Coloniales. Curador, escritor e investigador independiente, interesado particularmente en la ecología política de los territorios rurales, marginales y remotos. Ha curado varias exhibiciones de arte sonoro al rededor del mundo y es . Autor del libro Nuove geografie del suono. Spazi e territori nell’epoca postdigitale («Nuevas geografías del sonido. Espacios y territorios en la era post-digital»).

Introducción y traducción al Español por Miguel Isaza bajo autorización y revisión de sus autores.

Versión en Inglés e Italiano: A Manifesto of Rural Futurism. Rethinking a New Rurality